La prioridad nacional
Tres cintas de sección oficial miraron al pasado para avisarnos de los peligros de nuestro presente. Da la impresión de que Moulin (László Nemes, 2026), también vista en la sección oficial, fuera un producto de encargo a mayor gloria de la Resistencia y de la grandeur francesa. Frente a ella, su reverso oscuro, Notre salut recuerda que entre la población francesa no sólo hubo esforzados partisanos sino también perseverantes fascistas. Como en el caso de Fatherland (Pawel Pawlikowski, 2026), debemos leer las imágenes desde la perspectiva actual de una Europa en grave crisis.
En 1940, las fronteras superadas por los panzer y con el ejército nazi paseándose por Paris, el gobierno francés capituló acordando con Hitler un reparto territorial según el cual la autoridad francesa se mantenía en la zona sur del país, con la capital en la ciudad balneario de Vichy. El veterano mariscal Petain asumió la presidencia de este gobierno polichinela que se dedicaría a administrar justicia y a organizar los aspectos de la vida diaria, siempre bajo la estricta supervisión del invasor. Ajenos a los asesinatos, humillaciones y deportaciones llevadas a cabo por los nazis, pretendiendo ignorar las órdens de la Gestapo o la SS, el gobierno de Vichy, el denominado Estado Francés, sobrevivió durante casi cuatro años, disolviéndose a partir del desembarco aliado en Normandía.
Notre salut se centra en un personaje gris y desagradable del que no sabremos mucho más al final de la película de lo que al principio vemos. Se trata de uno de esos individuos que, ya en su actitud, parecen adaptarse, camuflarse, disimularse, en el entorno del modo que les es más provechoso. Aquellas personas cuyo discurso, por largo o sonoro que sea, deviene siempre vacío. Uno de aquellas sombras inoportunas que cruzan entre la multitud y que, al topar contigo, ofrecen, a regañadientes, una mano blanda que parece escurrirse en tu palma como un pescado resbaladizo.
Henri Marre, auto declarado fan de Petain, era un ingeniero, comerciante gris, acosado por las deudas, que aprovechó la confusión consecuente a la invasión, la capitulación y la creación del gobierno títere para ofrecer sus servicios a éste, huyendo de sus responsabilidades, de su propia familia y buscando medrar en la administración. Se nos presenta al inicio de la cinta como un invitado al que nadie conoce en una fiesta de nuevos altos cargos de Vichy, tratando de buscar conexiones y venderse como gestor de organizaciones. En un contexto desenfadado, de música, bebida y fiesta, Henri Marre lanza su campaña promocional, hasta que los politicastros mismos le censuran su declarada admiración por Petain, alguien a quien parecen tolerar, pero a quien desprecian. Marre seguirá durante semanas, viviendo del dinero que le envía su mujer, reivindicando un libro por él escrito sobre gestión de procesos e insistiendo, persistentemente, para conseguir ser fichado para el Ministerio de Economía. Finalmente, conseguirá acceder al de Trabajo.
Emmanuel Marre, bisnieto del personaje, recibió la correspondencia que Henri enviara a su bisabuela. A partir de la misma y de datos públicos elabora el retrato de un personaje siniestro, ejemplo de tantos otros, que no dudaron en colaborar con el ejército y el gobierno nazis, para mantener un buen nivel de vida. Henri Marre mantuvo a su esposa alejada de él durante gran tiempo (la película no precisa si se trató de más de un año) y accede a su presencia aunque finalmente, no necesitando de su ayuda económica, se separa de ella.
En su actividad diaria, Henri Marre reivindicó en primer lugar la prioridad nacional, un concepto actualmente aireado por Vox y PP, que planteaba primar las necesidades de los ciudadanos franceses nacidos en el país, antes que los de los inmigrantes o nacionalizados. No impedía ello su aceptación del envio de franceses a trabajar a Alemania para dar apoyo al Reich o que aquellos de descendencia judía fueran degradados de categoría, inicialmente, o finalmente deportados. Emmanuel Marre incluye una secuencia en la que un colaborador identificado como judío es “ayudado” por Henri Marre al degradarle y reducir su salario a cambio de no incluirle en los listados de sospechosos.
La puesta en escena que se desarrolla, con cámara en mano y montaje similar al de documental (más dos o tres secuencias con banda sonora moderna, como Life is Life del grupo Opus) retratan perfectamente la inoperancia de un gobierno que subsistió por y para las apariencias, en lugar de dar el más mínimo servicio a sus compatriotas frente a la opresión alemana. Plantear otra cosa era utópico pero aquel grupo de personajes, y Marre como la representación de ellos, pretendieron un espejismo con tal de sobrevivir en las mejores condiciones. A la par disfrazaban de políticas de defensa del trabajador su fascismo y su proximidad al ideario nazi. Emmanuel Marre deja claro la indignidad del personaje en diversas secuencias retratando, por ejemplo, sus instrucciones para el proceso de adaptación de su despacho oficial, la selección arbitraria de una secretaria, la relación que mantiene con compañeros o subordinados o discusiones de trabajo, tan vacías de contenido como de resolución alguna.
Vichy se evaporó como las burbujas del agua mineral que lleva su nombre con la llegada de los aliados. Emmanuel Marre presenta el grupo de políticos como una pandilla de pretenciosos cobardes que se desbanda al saberlo. Henri Marre, entre ellos, mantiene las apariencias pero se desvaneció como la sombra que era.
La pretendida profesionalidad de Henri Marre, su referencia continua a la gestión, llevan a recordar el planteamiento de La cuestión humana (La question humaine, Nicolas Klotz, 2007) en la que la mejora de procesos de una fábrica química llevaba a identificar su pasado relacionado con la implicación en la distribución del gas ciclón. Como aquella cinta, Notre salut nos avisa de la persistencia del mal. Y, a propósito de todo ello, podamos hablar de la banalidad del mal, tal vez la obediencia debida. Pero hay una semilla de odio silencioso, de desprecio al otro, de soberbia, en parte de la sociedad. Una semilla que crece fácilmente gracias a personajes como Henri Marre y al que su bisnieto pone en su lugar. Lo más temible es que Henri no fuera sólo, como la versión inglesa del título llama, un hombre de su tiempo, sino que bien pudiera serlo también de éste.







