The Killer of Swordsmen

The Killer of Swordsmen, de Bingyuan Li

Hace unos días, a propósito de The Sixth Robber (2025) de Chris Huo, escribía por aquí sobre la posibilidad del surgimiento de una nueva ola de cine de acción chino. Ante los indicios recientes que aluden a dicha consideración, lo cierto es que también sería pertinente trasladar esto del lado del wuxia, pues varios de los nombres que destacamos entonces también apuestan por su reformulación con algunos ejemplos francamente notables, donde stuntmans y coreógrafos vuelven a ejercer la voz cantante en este tipo de producciones. Más allá de la idea que cada uno pueda atribuir a los límites que rodean esta etiqueta, lo cierto es que los ecos del mismo resuenan en su superficie estética, y aunque estos nuevos exponentes existan con una vocación distinta, es imperativo comprobar que ambos están localizados sobre unos escenarios y unas premisas similares.

The Killer of Swordsmen (2025) —también llamada Drunken Blade— es un brillante y brutal ejemplo de este cine de acción de bajo presupuesto. Li Bingyuan, responsable delante y detrás de cámaras, protagoniza un relato mil veces visto en varios géneros clásicos, donde un pueblo atosigado por unos bandidos solicita de la ayuda de un solitario y talentoso espadachín que haga frente a la amenaza. Partiendo de lo presumible, el encanto de este tipo de propuestas reside en la forma que emplean, dando lugar a una concatenación ininterrumpida de encuentros violentos entre buenos y malos donde la fisicidad de sus golpes sobresale al esquema regular del plano-contraplano, buscando su distinción por medio de imágenes imposibles que apoyen el valor insólito de su espectacularidad.

En este caso concreto, la influencia de Li Bingyuan viene precedida por su participación en films como La conquista de la Montaña del Tigre (2014) de Tsui Hark o Painted Skin: The Resurrection (2012) de Wuershan, ambos pertenecientes a directores de proyectos de otra envergadura comercial que, además, cuentan con grandes estrellas en su reparto. Asumiendo esta base, la propuesta se hermana con otros trabajos más próximos en el tiempo, véase las dos partes de Eye for an Eye (2022-2024) de Yang Bingjia o Blade of Fury (2025) de Qin Pengfei, títulos que presentan un trazo narrativo muy ligero y que, sin embargo, brillan en la artesanía marcial de su ejecución técnica.

Entre sus particularidades, resultan especialmente notorias las secuencias a caballo por el desierto, filmadas como trepidantes persecuciones que remiten a El bueno, el malo y el raro (2008) de Kim Jee-woon y esa peculiar partitura visual exagerada y bruta del eastern western. Además del uso de la cámara lenta para enfatizar unas alucinantes postales cinematográficas, el empleo de grúas y drones para acentuar su posterior dinamismo fortalecen la estética del conjunto. En ese sentido, el film no deja prácticamente ningún momento para respirar al espectador, renovando una sucesión de villanos excéntricos que dotan de carisma a cada enfrentamiento.

Aunque el foco primordial de la película sea el presumible, la emoción sentida de unos personajes intensos constatan el interés e impacto que produce su desarrollo. Esta convicción en fondo y forma resulta todavía más próxima a su naturaleza cuando el film decide mostrar el making of en sus últimos minutos, dando importancia a la labor creativa de su oficio al atestiguar el mismo desde la complejidad y el riesgo de sus entresijos. ConThe Killer of Swordsmen, Li Bingyuan entrega un precioso homenaje a un género apasionante que hará las delicias de adeptos y entusiastas.

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