Tanto la tradición oral como la literatura indonesias presentan como habitual la convivencia entre vivos y espíritus, sean fantasmas (que pueden dialogar, ayudar o vengarse de los humanos), sean fuerzas incorpóreas. Inevitablemente la tradición se extiende al cine y no es inhabitual ver la mezcla de drama y terror o, incluso, acción, terror y drama o… comedia y terror.
Ghost in the Cell se sitúa en la mejor tradición indonesia, arrancando con una muestra de terror sanguinario, continuando con lo que promete ser un drama carcelario y regresando a una historia que podría clasificarse como una comedia de terror, con referencias tan insólitas como la simbología del aura o la filosofía de Kierkegaard… Como se puede entender, por ello, el resultado es tan divertido como curioso. A la llegada a la prisión del periodista acusado del asesinato de su jefe, le sucede la presentación de los diversos personajes y bandas opuestas: los listillos, los traficantes de droga, los más sanguinarios, el empresario corrupto cuidado en su celda de lujo por un alcaide venal o el psicópata sádico a punto de follar al recién llegado. Nada sorprendente para un drama carcelario.
No obstante, tras la primera de una serie de muertes que dejan el cadáver como una abstracta composición escultórica, Anwar no deriva el tono hacia el horror sino hacia el humor. Las interpretaciones paródicas, cuando no abiertamente exageradas (en un estilo asiático próximo al indio), los enfrentamientos y las discusiones repetidas en el bloque de celdas o en el llamado patio del juicio, constituyen una suerte de sitcom en la que el grupo protagonista alterna burlas y teorías sobre el ente que, tras el periodista, parece haber llegado a la cárcel y acaba, violentamente, con la vida de algunos reclusos. Tras llegar a la conclusión de que deben mantener la calma para sobrevivir, llega la secuencia culminante en tono de comedia: una pelea a golpes en la que (no desvelaremos el motivo) el protagonista debe evitar la furia y mantiene el enfrentamiento mientras elabora un baile coreográfico.
El cine es diversión, no hay duda de ello. Y Joko Anwar lo celebra en esta ocasión con un tono muy propio de su país. Ghost in the Cell requiere entender ese tono y, si lo seguimos, podemos disfrutar con ella.







