Aunque sus obras posteriores no causaron el mismo impacto, recordamos The Lure (2015) como una de las obras más sugerentes, más atractivas, vistas en ediciones anteriores del Festival. Por ello esperábamos con sumo interés Hot Spot, la nueva propuesta de Agnieszka Smoczinska y de Robert Bolesto, directora y guionista respectivamente de aquella historia de sirenas, abducciones y perversión.
Hot Spot se sitúa en un futuro tal vez no demasiado lejano en el que la escasez de agua y alimentos ha forzado una comunidad de, literalmente, pensamiento único, puesto que todos sus individuos están vinculados a una plataforma (se niega que se trate de una máquina) denominada “La Cabeza”, y sujetos a una estricta normativa para recibir el abastecimiento que suple la escasez. A esta sociedad llega en busca de refugio una secta de “neoalmas” que serán retenidas en un centro de detención… suena familiar, ¿no es así?
Smokzinska enfrenta lo desconocido, encarnado por la mirada clara y desafiante de la líder de los neoalmas, Rana (una Noomi Rapace que ocupa la pantalla en silencio en todas sus apariciones) a la comodidad, la “normalidad”, encarnada por un trio familiar. Djonny, un imposible detective de aspecto resacoso que se embute en ropa de deporte para interrogar sospechosos, su pareja Ayka, que tiene poderes que se revelarán durante la película, y su hijo Zen, a quien su madre puede desconectar de la “Cabeza” a riesgo de perder la integridad física (o, literalmente, la propia).
La directora de The Lure desarrolla un trabajo estético asombroso, apoyándose no sólo en la dirección artística y vestuario, sino aprovechando espacios abandonados a media construcción que fueron abandonados por la crisis en los entornos atenienses. El centro de detención, un aeropuerto abandonado, fue, de hecho, un centro de acogida de inmigrantes durante la pasada década. Las ropas de los inmigrantes, la escasez de agua, el paisaje calcinado o los paseos en bicicleta que se alternan con vehículos autónomos (demasiado lentos), la ambigua actitud de los vigilantes, entre amigable y amenazador, o las obligaciones impuestas por esa “Cabeza”, de la que no se revela constitución o gobernanza concretas, hacen de Hot Spot una experiencia tan atractiva como escalofriante por la proximidad que desprende.
La trama policíaca no es sino un pretexto para confrontar las supuestas integridades de Rana y Djonny, a la par que revelar información sobre la organización social (resuelta también con acierto en puesta en escena), pero la trama que afecta al núcleo familiar arranca con una apreciable turbidez para acabar con una confusión narrativa que lastra una de las más interesantes propuestas de la Sección Oficial a Competición.







