Entrevista Paul Schrader

Tuvimos ocasión de entrevistar a Paul Schrader en el pasado 49 Festival de Sitges dónde acudió a presentar Dog Eat Dog (2016), estrenada en salas recientemente: Como perros salvajes. Cansado pero amable, atendió nuestras preguntas y se permitió alguna digresión durante la entrevista. La anécdota más divertida se acompañó de un video casero visto en su teléfono móvil en el que aparecía Nicholas Cage parodiándose a sí mismo durante el rodaje de la obra, que se presumió un acto de complicidad entre colegas. Sus declaraciones, sin embargo, fueron en general menos alegres que cuando se refirió a ésta película y las recogemos a continuación.

Hijo de una familia calvinista estricta, Paul Schrader no vio cine hasta los 16 años, momento en que se sintió fascinado por este arte. Conocedor de la cultura japonesa (a raíz del exilio en este país de su hermano, objetor de conciencia por la guerra de Vietnam), tal vez por semejanza con el rigor calvinista, elabora y vende el guion de Yakuza (íd., Sydney Pollack, 1974). A partir de entonces deviene un director integrado en el sistema pero moviéndose en los márgenes del mismo, siendo incluíble en el grupo de los Hollywood brats de los setenta, junto con Scorsese, Spielberg, Coppola o De Palma. Schrader ha trabajado como guionista: Taxi Driver (íd. Martin Scorsese, 1975), Fascinación (Obsession, Brian de Palma, 1976), El expreso de Corea (Rolling Tunder, John Flynn, 1977), Toro salvaje (Raging Bull, Scorsese, 1980), La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ, Scorsese, 1988), City Hall (íd., Harold Becker, 1997), entre las obras ajenas, y manifestó que, considerándose un auténtico escritor, optó por ser también un director auténtico: Hardcore: un mundo oculto (Hardcore, 1979), American Gigolo (íd., 1981), Mishima (íd., 1985), El placer de los extraños (The Comfort of Strangers, 1990), Posibilidad de Escape (Light Sleeper, 1994), Aflicción (Affliction, 1997), o The Walker (íd., 2007), entre las más destacables.

Habiendo ya sufrido en sus carnes la condena de Hollywood en la muy interesante El exorcista: El comienzo (Dominion: Prequel to the Exorcist, 2005), que fue, literalmente, repetida por Reny Harlin en una versión no tan distante de la de Schrader, se orientó a un estilo de producción más íntimo, más ligero. Su último intento “libertario”, después de cinco años sin rodar, había sido The Canyons (íd., 2013), una película producida en régimen de crowdfunding y en la que adaptaba junto a Brett Easton Ellis una historia de éste. La cinta era una visión negra del cine porno pero también de la industria del cine, con unos personajes que se traicionaban y se pisoteaban entre sí. El resultado era muy interesante pese a su factura simple pero Schrader recordaba básicamente los conflictos que tuvo con su protagonista: Lindsay Lohan.

Después Schrader volvió a trabajar con el sistema de estudios en Caza al terrorista (Dying of the Light, 2014), escrita y dirigida por él y remontada (y recortada) por los productores. La historia de un agente de la CIA obsesionado por capturar a un terrorista que le mantuvo prisionero y le torturó años atrás pierde todo su interés en una mecánica sucesión de escenas tópicas, sin densidad alguna. Schrader confesó que disponer del final cut sobre una obra había sido siempre muy difícil pero que en la última década ésta opción quedaba totalmente supeditada a los intereses económicos y había sido determinante en la decisión de la productora.

A la pregunta de por qué sus personajes eran a menudo conflictivos y mórbidos, extendió la respuesta a sí mismo. Schrader se considera un personaje conflictivo y, tal vez por ello, se siente atraído por las contradicciones, por la contraposición , en ocasiones la confusión, entre el odio y el amor, buscando reflejar en sus obras situaciones y caracteres autodestructivos. Algo coherente con la elección de tema y estilo para su última obra, Dog Eat Dog. Comentó sobre ella que es una obra basada en la novela escrita por un criminal, Ed Bunker, alguien que no tiene glamour, no es listo, ni ha conseguido acabar sus condenas, encadenando una tras otra. La película, pues, sigue el estilo del delincuente y los ambientes sórdidos en los que se movía. “La basura puede ser arte, aunque la película, como obra de arte, pueda no ser basura”, refiere Schrader. Para rodarla, Schrader buscó la libertad mediante la autofinanciación, de modo semejante al que hiciera en The Canyons, y se rodeó de amigos (repitiendo con Cage, protagonista de Dying of the Light, y Defoe, protagonista en diversas películas previas) para rodar en pequeños espacios y con mínimo presupuesto. El planteamiento era rodar una película noir, utilizando algunos recursos clásicos, pero de un modo que no se hubiera hecho antes. El resultado es una obra completamente desatada, lejos de los condicionantes de las majors.

Paul Schrader ha sido además un prolijo escritor sobre cine, con una obra famosa, El estilo trascendental en el cine, de la cual se está preparando una nueva versión que contempla autores del último cuarto de siglo XX, y numerosos textos en Film Comment sobre la construcción de una película. A las preguntas de cómo valoraba la profusión de textos y análisis sobre cine en la red, Schrader comentó que se trata de una democratización de la crítica. Lamentó, no obstante, que el impacto era menor dado que se ha producido, a su parecer, una gran disminución en el nivel cultural de la audiencia, lo que condiciona tanto la producción como la interpretación de las películas.

Manteniendo el interés por seguir en la brecha creadora, se despidió citando a las que considera favoritas de entre sus obras: Aflicción, por ser su mejor adaptación, Mishima, por considerarla única y Posibilidad de escape, como la más personal de todas ellas.