Un menú para paladares trabajados

Mucho se ha escrito sobre la influencia de Disney sobre los niños que veían sus películas. Pero muchos, a pesar de Bambi, seguimos degustando filetes. Otros, mucho más jóvenes, no le hacen ascos a una caldereta de pescado después de bailar y cantar con sirenitas y cangrejos. No, sin duda, las influencias de la animación antropomórfica son limitadas… Tal vez sea ésa una de las razones por las que Bong Joon Ho se ha dedicado a este proyecto. Un proyecto que podría considerarse como menor en la carrera de su autor, pero en ningún momento como inferior. Una película tachada mucho más rica de lo que puede aparentar a primera vista y que merece ser reivindicada y analizada desde puntos de vista muy diversos mientras degustamos un buen yantar.

1. Aperitivo: La polémica

Zanjemos (o zampemos) este asunto lo más pronto posible. Cierto, no puedo ir al cine a ver la película. Falso, es menos asequible que otras. Recordemos tantas y tantas obras exhibidas en Cannes y otros festivales que nunca alcanzan el estreno… porque obras promocionadas en pase inaugural o especial y similares copan las pantallas de la cartelera comercial. La discusión no está en si una cadena de televisión produce cine sino en que haya diversidad de producción, distribución y exhibición, rompiendo los lobbies.

2. Entrante: Las influencias

Se ha vinculado a Okja, el supercerdo, con Totoro. Sin duda alguna. Hay alguna secuencia, incluso planos, de las secuencias iniciales en el río que remiten directamente a la obra de Miyazaki. Sin embargo, Okja bebe de fuentes más remotas, del panteísmo y de una cultura milenaria respetuosa con la naturaleza que debe enfrentarse a una cultura del dinero. Okja (la película, claro) tiene rasgos comunes con Akira Kurosawa y con otras obras del propio cine coreano —hay planos tomados desde la choza de los protagonistas que parecen sacados de la cabaña del cazador de The Tiger, an Old Hunter’s Tale (Daeho, Hoon Jung Park, 2015)—. El enfrentamiento con la corporación Mirando de una niña y su mascota, a la que pretenden promocionar primero para hacerla picadillo después no es una rareza, sino que sigue una larga línea que conforma un género ecologista —y que ya se podía ver, por ejemplo, en The Mermaid (Mei ren yu, Stephen Chow, 2016) otra desconcertante mezcla de comedia, thriller y reivindicación ecologista, de tonos tan extremos como ésta, pero autoconsciente de macro espectáculo mainstream—.

3. Un sorbete, para digerir: Monstruos

Hay quien devalúa a Okja argumentando que es otra película de monstruos, como si eso fuera algo negativo…. Si bien es cierto que un cerdo gigante, aunque tiernecito, no deja de tener su punto monstruoso, Okja está alejado de Godzilla y otras criaturas orientales creadoras de devastación. Por otra parte, aunque lo fuera, el cine de monstruos es absolutamente reivindicable. Lo ha utilizado con gran éxito J. A. Bayona para retratar, metafóricamente, la superación de un duelo. Y lo ha utilizado ingeniosamente Nacho Vigalondo para trabajar visualmente el drama de una mujer bajo la influencia. En tanto que la muy interesante Colossal (N. Vigalondo, 2016) subvierte el drama para regirse por los códigos del fantástico —una estimulante, inteligente, obra que luce el ingenio de su autor pero que lamentablemente ha sido maltratada por la distribución—, Okja estructura una reivindicación sociopolítica mediante el fantástico y la comedia.

4. Plato principal: El tono

Ahí duele. El humor amarillo descoloca a propios y extraños. Las variaciones de registro genérico, de tono en la puesta en escena y en la interpretación dificultan la valoración. Bong no tiene consideración para con nadie y ahí radica la devaluación de la cinta respecto a obras anteriores de su autor. Okja arranca como una comedia sarcástica, sigue en tono arcádico, se muta en thriller trepidante y, un tanto inesperadamente, introduce una crítica a todo quisque con trazos paródicos sin dejar, eso si, en ningún momento, de oscurecerse más y más. A los poco habituados al cine oriental, a cierto cine oriental, los puntos de humor en escenas de tensión no harán sino que descolocarlos. La sobreinterpretación de Tilda Swinton o Paul Dano (cada uno a su manera) y el desmadre gesticulante de Jake Gyllenhaal, todos ellos jugando a brujas, ogros y príncipes valientes, ahuyentará a más de un espectador desprevenido. Pero no podemos ignorar que Bong Joon Ho ha retratado en su filmografía una buena colección de monstruosidades. Desde el asesino múltiple de Crónica de un asesino en serie (Salinui chueok, 2003) a los mismísimos policías que tratan de detenerlo, con métodos absurdos y faltos de ética. Desde la grotesca Swinton, gobernadora del tren lanzado a una fuga infinita, a su demiurgo, Ed Harris, en Snowpiercer (2013). De la familia desestructurada de The Host (Gwoemul, 2006) a los sanos e insanos personajes de Mother (Madeo, 2009). Bong Joon Ho gusta de enfrentar personajes que desafían el concepto de normalidad con situaciones excepcionales.

5. El postre: La autoría

¿Basta la referida monstruosidad para etiquetar Okja como una película de Bong Joon Ho o es un encargo de prestigio de Netflix? No es descabellado plantear la cinta como un proyecto estratégico de la productora para conseguir, por una parte, una pátina de calidad y, por otra, una entrada en el mercado asiático. Sin embargo, Okja (coproducida por el propio director entre muchos otros, incluidos Tilda Swinton y Brad Pitt) luce el ritmo frenético de las persecuciones y los enfrentamientos de Crónica de un asesino en serie, The Host o Snowpiercer, su capacidad de puesta en escena y la combinación de entretenimiento y denuncia, tanto en la secuencia del barranco como en la persecución en las galerías. Carece sin duda de la profundidad de trazo de presente en las citadas Crónica de un asesino en serie, Mother o Snowpiercer; pero sigue luciendo su innegable autoría en las escenas de mayor tensión. El uso de la fotografía (gracias de nuevo, Darius Khondji) y el ritmo desacelerado, construyen en la secuencia del matadero una de las más desasosegantes de su filmografía y remiten directamente a las oscuridades y túneles de obras anteriores.

6. Café y chupito…

La última pregunta podría ser si Okja es reivindicable, como planteaba al inicio de este menú, pero creo haber dejado suficientemente clara mi opinión. La última duda, por tanto, debería ser: ¿Seguiremos comiendo filete después de ver la película? Miren, tan repelentes y poco creíbles son la Mirando Corporation como los hipócritas y torpes animalistas. Así que… hasta la próxima cena, invitan ustedes.