Americana Filmfest 2022. Volumen 2

Cuentos modernos

Dejando de lado a Tim Sutton, el Americana nos presentó dos cuentos extraños plenamente contemporáneos, habitados por un par de personajes enfrentados al resto del mundo, cada uno a su manera, en contextos no por conocidos menos singulares.

Sherezade contaba cuentos, no exentos de aspectos terroríficos, para sobrevivir. Polidori, Mary Shelley y Byron, en prolongadas vacaciones, se entretenían con narraciones sobrenaturales para sazonar unas vidas muy confortables. Casey, como se hace llamar la protagonista de We’re all Going to the World’s Fair (Jane Schoenbrun, 2021) quiere participar en un challenge virtual  para sentirse viva. Para, específicamente, sentirse viviendo en una película de terror. Esta obra de Jane Schoenbrun trata como tantas otras presentadas en cada edición de este festival del difícil paso por la adolescencia. No obstante, gana enteros en la intersección entre el mundo virtual y el material. Y especifico ambos términos, evitando limitar lo real a lo material, puesto que la sociedad actual puede hacer tan falso lo que consideramos palpable como tan real aquello vivido por internet. Casey se apunta a la corriente creepypasta, nos dice, para sentirse más viva… una nueva vida basada en un relato (más bien una anécdota) del que no se conoce qué parte de verdad tiene, si es que alguna hay. Nos cuenta, a sus espectadores de internet, a nosotros, que padece algún tipo de alteración del sueño, que puede desplazarse durante el mismo. Y espera, como determina el reto, que su aportación al mismo, sus comentarios y  sus vídeos, provoquen algún cambio. Iremos viendo los clips que cuelga, su propio cuerpo descansando en la cama, durmiendo, o a ella bailando compulsivamente sobre el mismo colchón o, mayormente, ilustración de sus comentarios, anecdóticos unos y otros. Casey no tendrá mutaciones sobrenaturales, aunque alguna imagen de video pueda insinuarlo. Y tampoco tendrá gran número de seguidores, aunque uno de ellos será lo suficientemente interesado por la adolescente como para que ella, sintiéndose instigada por sus comentarios, siga colgando posts.

Americana Filmfest 2022

We’re all Going to the World’s Fair (Jane Schoenbrun, 2021)

El gran mérito de la película de Schoenbrun es este desplazamiento entre lo real y lo imaginado. O, mejor dicho, de lo imaginado hacia lo real. El deseo no alcanzado de algo más, algo superior, se visualiza en las imágenes captadas por la cámara de Casey. Pero la web no hace realidad sus deseos. Casey se esfuerza buscando imágenes sobrenaturales o vistiéndose de ellas. Sin embargo, Schoenbrun evidencia la trivialidad de las mismas. La labor de la directora es a la par construir, reconstruir, los deseos de Casey poniendo, uno tras otro, sus videos en pantalla. A continuación, deconstruir su fantasía a la par que el personaje se va definiendo en el mundo real. De tal manera el creepypasta no definirá, como se pretende, como Casey pretende, una historia de terror sino que dará pie a la presencia de una joven que ironiza sobre su propia construcción y tiene la capacidad adulta de distanciarse de su único seguidor que acaba confundido y atrapado en las redes de esta moderna cuentista. Hace unos años Assayas observó la modernidad de las redes y sus fantasmas en Personal Shopper. La propuesta de Schoenbrun va más allá, aprovechando las imágenes que cuelga la protagonista, para completar un relato con otro.

Y si el uso de las imágenes y la edición fue esencial para la que tal vez fuera la mejor obra del festival (con el permiso de la filmografía de Tim Sutton), el uso del sonido fue básico para la construcción de la otra obra más destacable, El ruido de los motores (Le bruit des moteurs, 2021). En este espléndido debut, el joven Philippe Gregoire nos sitúa en una tierra de nadie. Un pueblito canadiense (su pueblo natal), demasiado cercano a Montreal para considerarlo en plena naturaleza, demasiado lejos para ser cosmopolita y emplazado junto a la frontera con los Estados Unidos, siendo condenado a esa condición fronteriza dónde la presencia de las fuerzas del orden marca el día a día. Alexandre, su protagonista, un muy acertado Robert Naylor, no podrá más que adoptar una postura entre nihilista y resignada  frente a la cadena (aparentemente imparable) de adversidades y agresiones que va recibiendo. La historia arranca con la decisión gubernamental de dotar a los aduaneros con armas de fuego y entrenarles en su uso, para continuar con un peculiar accidente coital que deriva en una propuesta de trío por parte de la superior de Alexandre. Ante su negativa, los actos de venganza serán implacables. Frente a su resiliencia, el ruido de los vehículos que corren en la pista de aceleración que se construyó en sus campos, la presencia de camiones pesados en el que fuera el estadio dónde jugara de joven, la difamación mediante fotos sexuales trucadas, van imponiendo un orden fascista y violento. Gregoire desarrolla la cinta con un humor distanciado que recuerda al tono de Strangers in Paradise de Jarmusch, a lo que tampoco es ajeno la presencia de un personaje de tierras lejanas que le motiva a la resistencia y a cierta (disimulada) ilusión. Mediante un uso inteligente de sonidos y ruidos en la banda sonora reafirma tanto la presión de un lugar que se antoja inhóspito como la capacidad de Alexandre de oponerse pasivamente.

Americana Filmfest 2022

El ruido de los motores (Le bruit des moteurs, 2021)

Una obra serena

Mucho menos arriesgada formalmente, limitada a primeros planos y desaprovechando posibilidades de enfrentamiento mediante la edición, Mass toma fuerza descomunal de un guion implacable y cuatro actores (muy especialmente Martha Plympton) excelentes. Dos parejas se citan en un despacho eclesial. Una de ellas ha perdido el hijo hace años y, de alguna manera imprecisa, la otra pareja debe disculparse por ello. Fran Kranz evita inicialmente dar más explicaciones pero desarrolla un ambiente crispado en un doloroso partido de tenis dónde cada frase, cada respuesta, constituye un doloroso saque y un no menos doloroso revés. En cuentagotas, el