Una ballena es el regreso por la puerta grande de Pablo Hernando, uno de los directores más talentosos del cine español. Una película de un esteticismo apabullante en la que van de la mano Jean-Pierre Melville y el folclore monstruoso japonés, en el que deslumbra Ingrid García-Jonsson como una asesina a sueldo. Entrevista realizada en el pasado Festival de Gijón sobre una de las propuestas más arriesgadas y originales de 2025.
Han pasado 9 años desde Esa sensación. ¿Por qué has tardado tanto en estrenar nueva película?
Por un lado, ha habido un montón de movidas y cambios vitales y, por otro, me ha costado mogollón. El primer problema que tuve fue encontrar productora, y no lo conseguí hasta que di con Leire Apellaniz. La película existe por ella. Al principio parecía que todo iba a ir bastante rápido, porque teníamos las ayudas al desarrollo de ETB y también entro el ICAA en 2020. Pero luego el rodaje estuvo a punto de empezar dos veces o tres y se pospuso. También entiendo que es una película que está en tierra de nadie en términos de comercialidad y que es cara… pero además es rara. Para mí, pasar de Berserker (2015) a esto es como si hubiera hecho Star Wars o Parque Jurásico.
¿Tienes la sensación de haberte complicado la vida en exceso?
El problema es que en España no hay vías para hacer cine barato. El sistema no está montado para que puedas rodar una película de 300.000 euros.
Pero cuando rodabas Berserker o Esa sensación (2016) trabajabas con presupuestos inferiores…
El presupuesto de esas películas era cero euros, lo hacíamos entre amigos. El presupuesto de Cabás (2012), la primera película que rodé, fueron 1.500 euros, que es lo que me costó la cámara que compré y sus objetivos. Berserker fueron 5.000 euros, que es lo que sacamos del crowdfunding. Nadie cobraba y nos explotábamos mutuamente. Pero es que eso no es sostenible. Solo lo hacíamos porque éramos “jóvenes”. Pero si quieres pagar el alquiler, compaginándolo con otros trabajos, tienes que profesionalizarte, aunque sea una palabra fea. Soy crítico con el sistema porque impone un par de modelos de producción a todas las películas y no es flexible. Me gustaría poder hacer películas de 300.000 euros o medio millón con equipos pequeños y con todo el mundo cobrando bien.
Al trabajar con un presupuesto superior, ¿has tenido que hacer concesiones?
En mis anteriores películas los jefes éramos nosotros y no respondíamos ante nadie. Esta película no está hecha a pesar de la gente que ha conseguido el dinero, está hecha con ellos. No se trata de hacer concesiones, sino de llegar a consensos. Hay dos formas de conseguir hacer lo que te salga del nabo: una es ser Coppola y arruinarte varias veces, la otra es tener un poder que muy pocos tienen.
Dices que es muy diferente a Berserker, pero sí que hay ciertos puntos en común, tanto en el género como la conciencia ecológica, por ejemplo…
¡Sí, sí, un thriller vegano! pero mucho menos graciosa que Berserker o Esa sensación…
…Bueno, a ver: ¡Que Berserker empezaba con una cabeza decapitada!
Sí, pero había chistecitos sobre las patatas… y cosas que yo entiendo que son comedia. Pero es cierto que igual soy el único que se ríe o que los pilla. Pero claro, como están incrustados en una cosa tan seca y fría, el espectador no los registra como tales.
A mí lo de las patatas me sugirió una crítica a la crisis económica en la que habéis crecido…
Era las dos cosas, porque servía para presentar a un personaje y contar sus circunstancias económicas y organolépticas. Pero, la gente se ríe con eso. No veo que sea incompatible.
Hablemos de referentes. Si menciono Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013) y El silencio de un hombre (Jean-Pierre Melville, 1967), ¿voy muy desencaminado?
Acepto totalmente la segunda. La idea original de la película es de 2012, durante un descanso de La tumba de Bruce Lee (Canódromo abandonado, 2013). Pensé en un asesino a sueldo que tiene miedo a la oscuridad, porque hay un monstruo que le persigue. Fue evolucionando y en parte era una reflexión en torno a la figura del asesino a sueldo. Me alucina la frialdad y la falta de palabras de El silencio de un hombre. De ahí recurro al fantástico para explicar ese comportamiento, porque toda esa frialdad deriva de que no es humano.
Lo de Under the Skin… Entiendo que se saque como referencia, pero la verdad es que la idea es anterior. Muchas de las escenas están escritas antes de su estreno, aunque no puedo negar que haya similitudes visuales. Pero el parecido es más superficial que real. Creo que cuentan historias muy distintas. Evidentemente Under the Skin es mucho mejor película. Es un clásico instantáneo y no nos habríamos hecho ningún favor como intentando imitarla.
Hablabas de tu colaboración con Canódromo abandonado. Viendo los créditos de Una ballena, trabajas prácticamente con la misma gente desde tus inicios. Empezando por tu protagonista, Íngrid García-Jonsson…
Sí, es que son mis amigos y, además, me gusta trabajar con ellos porque son buenos. Si mis amigos no fuesen buenos o si fuesen un desastre, pues igual me lo pensaría. Tampoco soy tan profesional como para no trabajar con mis amigos a no ser que no sean la mejor opción, pero es que en este caso Ingrid (García-Jonsson) claramente lo era y la peli está escrita para ella. Y Julián (Génisson) sale y hace de camarero y Xabi (Tolosa) hace de cliente borracho y Lorena (Iglesias) de drogadicta…. Siempre que pueda voy a trabajar con ellos porque los quiero y les admiro.
¿Tenías claro que tenía que ser una mujer la protagonista?
Al principio era un tío, pero enseguida cuando escribí la primera versión me parecía más aburrido, más visto. Y pensé que Íngrid molaría un huevo.
Ella es un personaje metódico y casi obsesivo. Un poco como los personajes de Michael Mann, pero también como el de Julián Génisson en Berserker…
Sí, son personajes en el espectro autista. La obsesión con los procesos de trabajo me parece muy cinematográfica. Lo que dices de Michael Mann es muy cierto: siempre hace películas que son adoraciones del puro proceso de trabajo. Thief es una película que admira a la gente que sabe reventar cajas fuertes. Cuanto más tiempo dedica a ese trabajo manual más fascinante es. Berserker no tenía la parte manual, pero sí la parte mental, que es lo que hace David Fincher en películas como Zodiac o The Killer. La obsesión en general me gusta.
¿Incluirías a Damien Chazelle en la terna?
Es que en Chazelle hay una cosa neoliberal que me repele bastante. No soy especialmente fan. Sus películas se contradicen a sí mismas. Se inventa un conflicto que el personaje no tenía. No veo el conflicto entre alcanzar tus sueños en un mundo neoliberal y obtener una vida sentimental o familiar más o menos sana.
Claro, yo lo veo igual que tú, pero te aseguro que mis alumnos tienen otra opinión…
Bueno, es que ha ganado la derecha. Ha ganado la falacia del sueño americano. Ha ganado una forma de explotación bestial, porque no hay forma de esclavismo más fácil que convencer a los esclavos de que su trabajo les va a liberar. Yo estoy en contra del trabajo. Hay que abolirlo. Al mismo tiempo, soy consciente de que esta película no se podría haber hecho sin el trabajo de 100 personas. Pero el trabajo es una puta mierda.
Y entonces, ¿cómo concibes la profesión de director?
Ya sé que es contradictorio, pero para mí hacer películas no es trabajar. Es mi sueño de infancia y no lo considero un sacrificio. Me hace tremendamente feliz. No me he vuelto un cínico… de momento.
Viendo tu peli, la de Inmotep de Génisson, Espíritu sagrado, de Chema García Ibarra, Mamántula de Ion de Sosa, sus personajes son hasta cierto punto parecidos en su extrañeza vital… ¿Estás de acuerdo?
Tal vez son un poco proscritos… o desastrosos.
¿Crees que de alguna manera es el reflejo del papel que habéis jugado en la industria?
Pero ¿qué papel hemos jugado en la industria?
Estar fuera es otra manera de estar…
A ver todo lo que hemos hecho hasta ahora ha estado al margen de la industria. Por eso tampoco entiendo esas quejas en Twitter de por qué no hemos estado en los Premios Goya, porque lo hemos hecho todo al margen. Ahí está la cuestión. Si consideramos cine español las pelis que están nominadas a los Goya o los Feroz es solo una porción limitada, porque hay muchísimo cine español que no pasa por salas comerciales. Y luego hay una cuestión generacional. El cine ya no es el arte más poderoso. Ha sido sustituido por algo que yo también considero cine que son otras formas de lenguaje audiovisual relacionadas con internet.
Es que internet también está muy presente en vuestras obras…
El audiovisual que consume la mayoría de gente es el de internet. Yo no hago distinciones: para mí, eso es cine. Si son imágenes que se mueven es cine. Da igual que sea TikTok, un anuncio de YouTube, la película de Patton o La isla de las tentaciones. El cine, eso que entendemos como una cosa que tiene unos créditos al principio y al cabo de una hora y media, y se proyecta en una sala o a las 21h de la noche en TVE, ya no es el formato más interesante para la gente joven. Y no me parece mal.



