Top 2025 – 9. Misericordia

Los caminos del deseo son misteriosos y, a través de ellos, el cineasta francés Alain Guiraudie se mueve como pez en el agua. Podría decirse que se mueve como un siluro, aquella amenaza invisible surgida de las profundidades acuáticas que, a modo de McGuffin hitchcockiano, aparecía de manera recurrente en las conversaciones de los personajes de El desconocido del lago (2013). Mientras que en esa ocasión el deseo era mostrado en su versión más descarada y sexualmente explícita, en Misericordia (2024) se observa una evolución del director hacia formas más sutiles e intrincadas. Aquí la atracción se expresa a través de complejas relaciones entre seres humanos que incluyen la curiosidad homoerótica entre amigos, el ambiguo juego de roles madre-hijo o la intervención de un representante de la Iglesia con su particular —y subversiva— reinterpretación de los valores cristianos. Con muy pocos elementos y una idea ya conocida, la del forastero que con su presencia desbarata la armonía local, en este caso dentro de una pequeña comunidad rural en la región de Occitania, resulta inevitable volver de nuevo la mirada hacia Teorema (1968) de Pasolini, fuente de inspiración de diversos títulos recientes, como Saltburn (Emerald Fennell, 2023) o Breve historia de una familia (Jianjie Lin, 2024).

El retorno de Jérémie (Félix Kysyl) desde Toulouse a su pueblo natal para asistir al funeral de su antiguo jefe —y una misteriosa desaparición que tendrá lugar poco después— sirven para que Guiraudie construya un thriller de provincias salpicado de comedia negra donde el paisaje, un frondoso bosque otoñal poblado de setas, adquiere un protagonismo tan destacable como el de los propios personajes, siendo la naturaleza un elemento activo en sus películas. En ese sentido no harán falta palabras para expresar el disgusto que siente el protagonista al comerse una tortilla de setas que le prepara Martine (Catherine Frot), viuda de su jefe, y que dicha escena sirva para que el cura del pueblo (Jacques Develay), con quién también comparte mesa, extraiga ciertas conclusiones. Guiraudie se sirve de la cotidianeidad para introducir elementos que generan desconcierto y desactivan ideas preconcebidas con respecto a aquello que sería esperable de una situación concreta; sin embargo estos elementos son cuidadosamente medidos por el director para no caer en la parodia, consolidando así un estilo genuino y reconocible en otros de sus títulos. Hay asimismo un gusto por introducir la reiteración de ciertas escenas, como por ejemplo cuando Jérémie entra en casa de Martine y encuentra a diversos personajes sentados alrededor de una mesa, o bien cuando alguien se introduce en su habitación, por motivos diversos, a cualquier hora de la noche. Estos patrones, además de señalar el paso del tiempo, transforman situaciones banales en momentos relevantes, dotados de significado, de la misma manera que en El desconocido del lago esperábamos volver a ver la imagen de los coches aparcados y a su protagonista sosteniendo una toalla mientras atraviesa, un día más, la espesa arboleda en dirección al lago.

En su nuevo trabajo Guiraudie vuelve a socavar de manera provocativa los códigos morales, generando extrañeza en el espectador y, a su vez, curiosidad. Sus personajes parecen habitar un universo hedonista que no entiende de normas, donde un crimen puede convertirse en un mal menor cuando nadie echa de menos al muerto y la culpa pasa a ser algo relativo cuando aquel que causa el mal tiene a su vez otras virtudes. Resulta pertinente mencionar que Andergraun Films, productora del siempre transgresor Albert Serra, esté detrás de este trabajo, el cual se hizo con la Espiga de Oro y el Premio a Mejor Guión en la Seminci de 2024.

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