No soy yo, eres tu
Posiblemente la apuesta más arriesgada que se vio en la sección oficial (e injustamente ignorada en el palmarés), L’inconnue se originaba en el cómic de Lucas y Arthur Harari El caso David Zimmermann. En ella se cuenta la historia del personaje del mismo nombre y la de Malia, quienes, tras un extraño fenómeno que les impulsa a follar, despiertan descubriendo que han intercambiado sus cuerpos. De este modo David se siente impulsado a tener sexo con Eva y tras un interludio de malestar se despierta en el cuerpo de ella. La angustiada búsqueda de su propio cuerpo parece tener éxito un par de días después pero, cuando cree encontrarlo, éste está habitado por el de una segunda mujer, Malia, que ha sufrido el mismo proceso tras tener relaciones con David/Eva… No se trata, sin embargo, de una cinta de terror como pudiera ser It Follows (David Robert Mitchell, 2014) sino que Arthur Harari nos arrastra, como a sus propios protagonistas, en un vórtice de desorientación física y emocional.
Aunque, de modo muy acertado, evita en todo momento dar explicación alguna sobre el fenómeno, Harari parece disfrutar dejando pistas y “huevos de pascua” que pueden (o no) aportar sentido a la trama. Es tan relevante saber que el padre de David se suicidó como que el sigue trabajando en el mismo proyecto, catalogando los cambios del paisaje urbano a lo largo de varias décadas, o que se niega a ocultar su rostro en una fiesta de disfraces cuando, de hecho, oculta a todos sus propios amigos sus intereses, sus deseos, en definitiva, su identidad. Por otro lado, desde su propio apellido como a referencias explícitas visuales (la portada del LP New Morning de 1970 que aparece en la pared del apartamento de Eva) o sonoros (la canción de los créditos finales, It’s All Over Now Baby Blue, de Bringin’ it All Back Home de 1965) se nos remite directamente a la personalidad de Bob Dylan, ese hombre que nunca estuvo allí, si debemos atenernos a sus múltiples cambios de identidad pública, religión o arreglos musicales y a los que ya se aludía en películas como I’m Not There (Todd Haynes, 2007), dónde el cantante era sucesivamente encarnado de modo distinto por diferentes actores, o A Complete Unknown (James Mangold, 2024).
Harari, no obstante, va más allá del juego y se centra, precisamente, en el tema de la identidad. ¿Sigue siendo David cuando está en el cuerpo de Eva? ¿Se potencia su cuerpo al aumentar sus pechos o cambiar su miembro por una vagina? Durante la primera mitad del metraje David, en el cuerpo de Eva, se aterroriza y sufre por encontrar su cuerpo. Pero cuando lo consigue, y en él ya no está Eva sino Malia, duda si reconocerse en sí mismo o en el de su imagen. A partir de allí ambos, David alias Eva, Malia alias David, se reconocerán en el otro, a la vez que tratarán de recuperar su cuerpo, sea buscando a Eva alias Malia, sea buscando otros testimonios o víctimas del extraño fenómeno. Avanzada la cinta, no obstante, Harari desarrolla muy acertadamente otra orientación en la aceptación progresiva de los cuerpos (antes ajenos, ahora propios), sea por decisión propia espontáneamente, sea por el contexto que les empuja a ello. En una secuencia que, a primera vista, parece innecesaria, David se verá acosado por un hombre. Él, en el cuerpo de Eva, se sentirá obligado a huir, descubriendo en sus propias carnes la amenaza del abuso. La situación alcanzará un clímax cuando Malia plantee un coito para tratar de invertir la situación, facilitando que ambos recuperen, como mínimo, su género. De nuevo David sentirá, de modo desagradable, el impacto de la penetración que Eva (o él mismo) inflige.
La historia avanza con off visuales pero de modo implacable y finalmente ambos personajes deberán tomar una decisión. La opción de aceptarse en un cuerpo ajeno no es la prioritaria pero aparecen demasiados condicionantes, sexuales, personales, sociales, que pueden influir en la asunción de un camino que les permita recuperar la vida que antes tuvieran, aunque sea con la identidad o el sexo cambiados.
La conclusión deja a David en una encrucijada y, si en su vida anterior optaba por ocultar su identidad, se topará con un irónico destino en el que deberá asumir una nueva, una nueva vida y un destino radicalmente diferente al que nunca habría podido imaginar. Harari nos hace llegar a este punto por un vericueto de identidades para que nos planteemos de la mano de David y Malia en qué punto radica nuestra identidad, qué es aquello que resulta esencial para nuestra personalidad, qué nos define como individuos, y a qué estaríamos dispuestos a renunciar o qué estaríamos dispuestos a aceptar para asumir el destino que nos corresponde.






