En la zona gris

En la zona gris, de Guy Ritchie

Contemplando la filmografía de Guy Ritchie en perspectiva, podríamos decir que en los últimos años ha entrado en una fase de su carrera caracterizada por un dinámica más industrial que prioriza la producción de nuevos trabajos. Solo hay ver la velocidad con la que aparecen nuevas producciones con su nombre. Lo que había sido una carrera con una frecuencia aproximada de un estreno cada dos años (con alguna excepción) de repente cogió ritmo en 2023 y desde entonces el director británico está que no para: Operación Fortune: El gran engaño (Operation Fortune: Ruse de guerre) y Guy Ritchie: El pacto (Guy Ritchie’s The Covenant) en 2023, El ministerio de la guerra sucia (The Ministry of Ungentlmemanly Warfare) en 2024, La fuente de la eterna juventud (Fountain of Youth) en 2025 y, llegando a la película que nos ocupa, En la zona gris (In the Grey) de 2026. Además, a esto hay que sumarles las series The Gentlemen: La serie (The Gentlemen), que tuvo su primera temporada en 2024 y la segunda acaba de estrenarse, El joven Sherlock (Young Sherlock), que también se has estrenado este mismo año. Y ya que estamos, añadir que en 2025 también dirigió 4 capítulos de Tierra de mafiosos (MobLand), uno no puede evitar preguntarse de dónde saca el tiempo para hacer todo.

La filmografía de Ritchie no es homogénea ni mucho menos y se pueden distinguir varias etapas bastante diferenciadas pese a los puntos en común que se puedan hallar en todas las películas. Comenzó siendo un autor muy particular con películas tan personales como Lock and Stock (Lock, Stock and Two Smoking Barrels, 1998), Snatch. Cerdos y diamantes (Snatch, 2000) o RocknRolla (2008), comedias corales en las que las historias de todo tipo de gángsters se entrelazaban con catastróficas (y desternillantes) consecuencias, marcado siempre por el humor británico y la estilización artificiosa de las escenas. Después derivó en una vertiente de carácter más comercial con las dos películas de Sherlock Holmes (2009 y 2011), Operación U.N.C.L.E. (The Man from U.N.C.L.E., 2015) o El rey Arturo: La leyenda de Excalibur (King Arthur: Legend of the Sword, 2017), películas en las que Ritchie integraba su particular estilo cinematográfico para sustentar películas de aventuras y acción, lo cual resultó en obras de género de lo más interesantes y, sobre todo, claramente marcadas por una huella personal, si bien distaban de los trabajos de su primera fase más autoral. Pasado el 2017, el director británico remitió a sus viejas derivas al dirigir dos películas que se sentían sumamente autorales al tiempo que compartía ciertas características formales con sus películas más comerciales: The Gentlemen: los señores de la mafia (The Gentlemen, 2019) y Despierta la furia (Wrath of Man, 2021), las dos muy distintas entre sí, si bien se sienten como la fusión de las dos fases mencionadas, siendo The Gentlemen la que obedece en mayor medida al Guy Ritchie de sus inicios. De cualquiera manera, siempre ha sido una obra marcada por su estilo personal a la hora de narrar historias.

A partir del 2021, después de Despierta la furia, se realizan todos los trabajos mencionados al inicio del texto, los pertenecientes a esta nueva fase industrial, trabajos ligeros que suponen más un divertimento que no una obra destacable, si bien siguen caracterizados por el marcado estilo de su director, aunque ya no sea con la fuerza o énfasis de sus anteriores trabajos. O, por lo menos, se puede observar una evolución en sus formas narrativas que han derivado en un cine autoconsciente que se toma menos en serio. En esta fase industrial, Ritchie parece haber encontrado ese punto de equilibrio entre una producción ágil para sacar películas como churros pero manteniendo una esencia clara y evidente reminiscente de sus manierismos más rebuscados. En estas películas el estilo queda menos marcado, resultando más bien en un barniz que recubre el metraje en lugar de ser el pilar formal de cada secuencia, obteniendo así películas de género resultonas y, en su conjunto, mínimamente estilizadas. Se repiten ciertas temáticas, se reconocen estilemas formales recurrentes y en general uno puede identificar sin problemas que son películas de Guy Ritchie, pero es inevitable que se sientan como trabajos apresurados a cuyas escenas les falta el mimo que podría elevar su calidad cinematográfica.

En la zona gris es una versión avanzada y depurada de lo que la fase industrial supone, resultando en una película que, pese a sus excesos y el frenesí con el que se desarrolla, es irónicamente mínima en su concepción como peli de atracos, aunque en este caso el atraco sea una misión de extracción. También hay un robo en la primera mitad de la película, sí (puede considerarse así), que en este caso consiste en una compleja serie de triquiñuelas burocráticas y estratagemas legales con tal de poner al objetivo en aprietos económicos que le obliguen a desembuchar una gran suma de dinero, temática que el director británico ha ido incorporando cada vez con mayor frecuencia y peso en su filmografía. De este modo, En la zona gris se divide en dos partes, consistiendo la primera en la preparación de la extracción que va a suponer el grueso de la acción mientras al mismo tiempo se llevan a cabo las maniobras financieras. Para esto la trama avanza a velocidad vertiginosa sin dar ni un solo respiro desde el primer segundo de metraje, subrayando constantemente la imagen mediante diálogos expositivos que se desarrollan en paralelo, entrelazando la exposición del plan con la ejecución, muy habitual de la marca Guy Ritchie. Es en esta primera parte, llena de diálogos pomposos cargados de tecnicismos, en la que el director británico hace una mayor alusión a su artificioso estilo, recurre a pintar sobre los planos o a un montaje que corta y fusiona distintas escenas solapando lo que ocurre en tiempos diferentes, pero que narrativamente conforman un unidad, siempre enfatizando los sucesos con una fuerte presencia de una música ambiental y rítmica, compuesta por Christopher Benstead, recurrente colaborador de Ritchie desde la película The Gentlemen. Los actores y actrices se lucen en los planos que se construyen con precisión estilizada, favoreciendo una impronta magnética en pantalla incluso si únicamente están de pie plantados ante la cámara, algo que nutre especialmente todas las escenas en las que Ritchie juega con las miradas, buscando la tensión implícita en situaciones calmadas en su superficie, pero que en cualquier momento se podrían desmadrar. Sin embargo, la velocidad impera en el metraje, y esto implica que por mucho que se mantengan ciertas propuestas formales por parte del director, estas apenas pueden respirar en plano y se suceden una tras otra con excesiva ligereza, una sensación que caracteriza en general las películas del Guy Ritchie industrial.

Todos los elementos que Ritchie siembra en la primera parte de la película se recogen en la segunda, donde se lleva a cabo la extracción y los preparativos desembocan en un alocado caos de tiroteos, explosiones y persecuciones a toda velocidad. En este aspecto, la ejecución de la acción es reminiscente a aquella de los actos finales de Despierta la furia o Guy Ritchie: El pacto, donde el creciente suspense previo culmina en una intensa cacofonía de disparos. Guy Ritchie ha hecho gala de tener un gran dominio del género de acción a lo largo de su carrera, y esta no es una excepción al respecto. Manteniendo la tensión durante la duradera secuencia, el acto final de En la zona gris hará las delicias del fan de la adrenalina, relegando el estilo formal a un segundo plano que únicamente asoma como añadido para edulcorar la acción.

En la zona gris es resultona y francamente divertida, desacomplejada y ligera, un producto que ejemplifica a la perfección las características del Guy Ritchie de los últimos años. A ojos de un servidor, sería agradable recuperar los niveles a los que el director británico nos tenía acostumbrados, pero habrá que conformarse con esta versión más deslucida que ni llega a su máximo esplendor ni tampoco a un abandono absoluto de su personalidad autoral, quedándose así en su zona gris particular.

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