Lo político en España (cine). Parte III

4. Nueva política, nuevo ciclo (2002-2016)

4.1. Contexto y arranque

El comienzo de la segunda legislatura de José María Aznar con mayoría absoluta (2000) y el atentado contra las Torres Gemelas (2001) nos obligan a abrir un nuevo periodo que, por ahora, y debido a la falta de perspectiva, lo prolongamos hasta el momento en que se escriben estas líneas. Si la efervescencia social de la Transición se tradujo en un extraordinario interés del cine por la política, y la atonía de finales de los ochenta y principios de los noventa también fue correspondida en lo cinematográfico, la regla vuelve a cumplirse después. El agrio debate ideológico impuesto por el segundo gobierno del PP, los gravísimos acontecimientos internacionales, el atentado de Madrid en 2004, la crisis económica mundial desde 2008 y el 15-M en 2011 han ido impulsando una edad de plata del cine político español, independientemente de la valoración cualitativa que cada uno haga de tales o cuales propuestas concretas; una buena época que continúa cuando se terminan de escribir estas líneas y, diría yo, constituye el momento político más importante para el cine español desde los años sesenta, sobre todo a partir de que las consecuencias políticas del 15-M empezaron a ser tangibles.

El año 2002 es importante, pues en él se realizan diez películas que definen bien el arranque del periodo que nos ocupa: Guerreros (Daniel Calparsoro), que trata el conflicto en Kosovo, y El estado de Florida contra J.J. Martínez (Mercedes Segovia), confirman el creciente interés del cine español por lo que ocurre en el exterior; La caja 507 (Enrique Urbizu) puede considerarse la primera película de una nueva tendencia interesada por la corrupción institucionalizada; El embrujo de Shangai (Fernando Trueba), El viaje de Carol (Imanol Uribe), Galíndez (Ana Díez) y La luz prodigiosa (Miguel Hermoso), dan continuidad al fértil ciclo de la Guerra Civil y el franquismo; además de la ya citada Octavia, en 2002 se realizan también Los lunes al sol (Fernando León) y El efecto Iguazú (Pere Joan Ventura), dos cintas de carácter social que, por estar directamente ligadas a decisiones gubernamentales o problemas crónicos, adquieren destacados tintes políticos.

El viaje de Carol (Imanol Uribe, 2002)

En el análisis de este periodo es necesario citar numerosas películas relacionadas con los temas que tratamos, a riesgo de provocar una lectura algo más ardua, por varias razones. La primera es que no existen fuentes previas donde la información esté sistematizada, y queriendo ser este estudio una introducción de lo que podría ser un examen en profundidad del cine político español, se hace obligado no solo el análisis, sino también el ofrecimiento de información para quienes pretendan indagar en el asunto más allá de estas líneas. La segunda razón es que en algunos casos la cita de muchas o todas las películas pertinentes es la mejor manera de dar una idea clara sobre la importancia cuantitativa que tiene tal o cual tema en el cine español contemporáneo. En tercer lugar, entiendo que el lector —no necesariamente investigador— no solo busca crítica y análisis, sino también información con la que pueda hacerse su propia composición de lugar y tomar sus propios caminos de conocimiento. En cuarto lugar, la enorme riqueza de esta época en lo que concierne a cine sociopolítico en España bien merece una exploración lo más prolija y exhaustiva posible. Finalmente, el hecho de que se trate de un periodo tan reciente —hasta el mismo día en que es publicado este estudio— provoca que no existan trabajos al respecto y, por tanto, resulta más valiosa toda la información que se pueda aportar. Así pues, manteniendo el espíritu analítico e incrementando a partir de aquí el volumen de información sobre filmes concretos, dividimos el bloque temáticamente.

4.2. Guerra Civil, posguerra y franquismo

La Guerra Civil, la posguerra y el franquismo siguen muy presentes en el periodo 2002-2016, aunque durante los últimos tres años el terremoto económico y social haya ido desplazando el interés por la vieja memoria de nuestros padres y abuelos. Con todo, la abundancia de filmes, sin citarlos todos, muestra la relevancia que mantiene este tema hasta el mismo tiempo presente: El oro de Moscú (Jesús Bonilla, 2003), Soldados de Salamina (David Trueba, 2003), El lápiz del carpintero (Antón Reixa, 2003), El misterio Galíndez (Gerardo Herrero, 2003), Buen viaje, excelencia (Albert Boadella, 2003), Las cajas españolas (Alberto Porlán, 2004), Exilios (Xan Leira, 2006), Un franco, 14 pesetas (Carlos Iglesias, 2006), Salvador Puig Antich (Manuel Huerga, 2006), Lorca, el mar deja de moverse (Emilio Ruiz Barrachina, 2006), Ezkaba, la gran fuga de las cárceles franquistas (Iñaki Alforja, 2006), El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006) —una aportación de carácter simbólico al tema, de magistral ejecución—, Los que quisieron matar a Franco (Pedro Costa y José Ramón de la Cruz, 2006), Noticias de una guerra (Eterio Ortega, 2006), Memorias de una guerrillera. La historia de Remedios Montero (Pau Vergara, 2007), Las trece rosas (Emilio Martínez-Lázaro, 2007), Los perdedores (Driss Deiback, 2007), 40 años y un día (Salvador Dolz, 2007), Bucarest, la memòria perduda (Albert Solé, 2008), Los girasoles ciegos (José Luis Cuerda, 2008), La vida en rojo (Andrés Linares, 2008), Operación Flecha Rota (José María Herrera, 2008), La buena nueva (Helena Taberna, 2008), Hollywood contra Franco: una guerra tras la pantalla (Oriol Porta, 2008), NO-DO (Elio Quiroga, 2008), La mujer del anarquista (Marie Noëlle y Peter Sehr, 2008), Vivir de pie. Las guerras de Cipriano Mera (Valentí Figueres, 2009), La segunda patria (David Pallarés, 2009), L’escaezu. Recuerdos del 37 (Juan Luis Ruiz y Lucía Herrera, 2009), El campo de Argelers (Felip Solé Sabaté, 2009), Septiembre del 75 (Adolfo Dufour, 2009), El cónsul de Sodoma (Sigfrid Monleón, 2009), Los caminos de la memoria (José Luis Peñafuerte, 2009), La luna ciega (Pablo Nacarino, 2010), Pan negro (Pa negre; Agustí Villaronga, 2010), Memorias rotas (La batalla del comandante Moreno) (Manane Rodríguez, 2010), Ispansi (¡Españoles!) (Carlos Iglesias, 2010), La sombra de Evita (Xavier Gassió, 2010), Los otros guernicas (Iñaki Pinedo, 2011), La voz dormida (Benito Zambrano, 2011), 30 años de oscuridad (Manuel H. Martín, 2011), Blancanieves (Pablo Berger, 2011) —magnífica aportación a la simbolización de las dos Españas—, Viudas blancas (Ana Pérez, Dailo Barco y Estrella Monterrey, 2012), La mula (anónima, 2012), Crónicas da Galiza mártir (Xan Leira, 2013), Las maestras de la República (Pilar Pérez Solano, 2013), Juego de espías (Canfranc-Zaragoza-San Sebastián) (Germán Roda y Ramón Javier Campo, 2013), 2 francos, 40 pesetas (Carlos Iglesias, 2014), Héroes invisibles, afroamericanos en la guerra de España (Alfonso Domingo y Jorge Torrent, 2014), Brigada político-social. La cultura vigilada (Jorge Francisco Gordon y Javier Francisco López, 2014), Bajo un manto de estrellas (Óscar Parra de Carrizosa, 2014), Neckan (Gonzalo Tapia, 2014), Un jardín en la memoria (Antonio Llorens, 2014), Tres mentiras (Ana Murugarren, 2014), Goazen gudari danok (Iban González, 2014), Cinema en temps de guerra (Bartomeu Vilà, 2014) —que nos cuenta cómo se mantuvo la producción cinematográfica en Cataluña durante el conflicto—, Musarañas (Esteban Roel y Juanfer Andrés, 2014), El gobierno vasco en el exilio (Antonio Cristóbal López, 2014), Cartas a María (Maite García Ribot, 2015), Cançons d’amor i anarquia (Carlos Benpar, 2015) —documental musical a modo de historia del movimiento anarquista—, La fossa (Pere Vilà Barceló, 2015), El batallón Gernika (Iban González, 2015), El gran vuelo (Carolina Astudillo Muñoz, 2015), Gernika, The Movie (Koldo Serra, 2015), El elegido (Antonio Chavarrías, 2015) —historia de Ramón Mercader, fichado para matar a Trotski—, El nome de los árboles (Ramón Lluis Bande, 2016), Melchor Rodríguez, el ángel rojo (Alfonso Domingo, 2016) —curioso relato sobre un anarquista que salvó a nacionales durante la guerra—, La derrota de las aulas (Fernando Hugo y Rodrigo Blanco, 2016), Cántico (Sigfrid Monleón, 2016), Libertad negra (Jorge Peña Martín y José Enrique Sánchez Pérez, 2016), Cuerpo de élite (Joaquín Mazón, 2016) —comedia que tiene como telón de fondo el incidente de Palomares ocurrido durante el franquismo—, Un padre (Víctor Fornies Estelar, 2016), Teresa Rebull, ànima desterrada (Susana Barranco, 2016) —que fusiona las reivindicaciones republicana, feminista y catalana— y El destierro (Arturo Ruiz Serrano, 2016).

4.3. Terrorismo

También el tema de ETA, que durante estos años pasa por momentos convulsos (repunte de asesinatos entre 2000 y 2001, dureza del segundo gobierno de Aznar, ilegalización de Batasuna en 2002, alto el fuego de 2006 y vuelta a las armas en 2007, alto el fuego de 2010 y anuncio del cese definitivo de la violencia en 2011), continúa generando filmes interesantes y, en cierto modo, el periodo 2002-2016 es cuantitativamente el más fértil sobre este tema. La pelota vasca, la piel contra la piedra (Julio Medem, 2003) es el proyecto más interesante de todos, y una de las películas políticas más importantes del cine reciente. Primero, por su ambición, pues era un proyecto concebido en cincos soportes distintos (libro, web, serie para televisión, película completa de siete horas y DVD de distribución de dos horas); segundo, por representar paradigmáticamente el nuevo ciclo de cine político «inspirado» por la segunda legislatura del PP, ya que Medem invitó a todas las fuerzas políticas a participar en el filme y solo el partido de Aznar rehusó, expresando así contundentemente la zanja abierta entonces entre el PP y el resto de la sociedad española; tercero, porque lógicamente ETA es central en el filme, siendo también uno de los más importantes asuntos, en general, de este periodo; cuarto, por ser el filme un perfecto representante del cine documental, género estrella de esta época de la historia de nuestro cine; y, finalmente, porque es quizá una de las películas políticas que —aun con un claro sesgo nacionalista— muestran una mayor pluralidad de planteamientos. La banda terrorista y el conflicto vasco serán protagonistas también en Perseguidos (Eterio Ortega, 2004), El lobo (Miguel Courtois, 2004) —filme también representativo de esta época, en cuanto que indaga en las cloacas de las instituciones del Estado—, Trece entre mil (Iñaki Arteta, 2005), Todos estamos invitados (Manuel Gutiérrez Aragón, 2007), Clandestinos (Antonio Hens, 2007), Tiro en la cabeza (Jaime Rosales, 2008), El infierno vasco (Iñaki Arteta, 2008), La felicidad perfecta (Zorion perfektua; Jabier Elortegui, 2009), Al final del túnel (Eterio Ortega, 2011), Memoria de un conspirador (Ángel Amigo, 2013) o Asier eta biok (Aitor Merino y Amaia Merino, 2013); sería interesante analizar el repunte del tema durante los últimos tres años, ya con el alto el fuego consolidado, con Negociador (Borja Cobeaga, 2014) —basada en el proceso de negociación de 2005-2006—, 1980 (Iñaki Arteta, 2014) —sobre la gran cantidad de asesinatos en aquel año—, Fuego (Luis Marías, 2014) —sobre el dolor y el sentimiento de venganza—, Echevarriatik, Exeteberriara (Ander Iriarte, 2014) —documental que analiza cómo ha marcado la violencia a la izquierda abertzale—, Lasa eta Zabala (Pablo Malo, 2014) —donde se mezclan el terrorismo etarra y el terrorismo de Estado—, 249. La noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla (Luis María Fernández González, 2016) —sobre el secuestro del conocido empresario soriano— o Lejos del mar (Imanol Uribe, 2016) —centrada en perfiles de ex presos de la banda armada—, todas ellas películas que pretenden comenzar una historia del conflicto ya en perspectiva, dándolo por terminado.

Negocidor (Borja Cobeaga, 2014)

El terrorismo islámico impactó en Madrid con virulencia el 11 de marzo de 2004, mezclándose con el final de la segunda legislatura de José María Aznar, en lo que sin duda ha supuesto uno de los momentos más dramáticos de nuestra historia sociopolítica. La suma de la tragedia humana y de la inseguridad creciente frente a actos terroristas de procedencia exterior (con semejanzas evidentes a lo ocurrido en 2001 en Nueva York), incrementó el drama colectivo. Este hecho se ha reflejado, por el momento, en Madrid 11-M. Todos íbamos en ese tren (Varios directores, 2004), Ilusiones rotas. 11-M (Álex Quiroga, 2005), Boomerang 11-M (Arturo Prins, 2008), Historia de una foto (José Ramón da Cruz y Pedro Costa, 2009) y en No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, 2011), filme especialmente interesante porque trata el tema sin nombrarlo y porque también plantea una de las cuestiones características de este periodo, que es la investigación en las alcantarillas de la democracia.

4.4. Política internacional

Como decía más arriba, el atentado de 2001 contra el World Trade Center y otros centros estratégicos de Estados Unidos, que bien podían considerarse una declaración de guerra de un no-Estado, cambiaron para siempre muchas cosas en el ámbito político y social, y también en la percepción de los medios de comunicación de masas. No es este el sitio adecuado para realizar un análisis en profundidad pero digamos que desde entonces, y aún más desde el 11-M, el cine español —como indudable reflejo de lo que ocurre en la sociedad— presta más atención que nunca a lo que ocurre fuera de nuestras fronteras, interés incrementado a partir de 2008 con la idea de que la crisis económica mundial nos obliga a mirar más y mejor al exterior. Así ocurre, por ejemplo —citando cronológicamente— en Operación Algeciras (Jesús Mora, 2004) —conflicto de las islas Malvinas, con Argentina—, De Asturias a Vietnam, un viaje en el tiempo (Juan Carlos García-Sampedro, 2005) —la participación española en la Campaña de la Cochinchina, precedente de la guerra de Vietnam—, Invierno en Bagdad (Javier Corcuera, 2005) —la guerra de Irak—, Memoria negra (Xavier Montana, 2007) —sobre la historia reciente de Guinea Ecuatorial—, Rif 1921 (Una historia olvidada) (Manu Horrillo, 2008) —sobre la guerra del Rif entre España y Francia—, Los ojos de Ariana (Ricardo Macián, 2008) —sobre la batalla de los talibanes contra la cultura en Afganistán—, El baile de la victoria (Fernando Trueba, 2009) —ambientada en la época de la llegada de la democracia a Chile—, La pérdida (La generación ausente) (Enrique Gabriel y Javier Angulo, 2009) —sobre el impacto de la política argentina durante los años setenta en toda una generación de intelectuales—, Revolucio#2, retorn als escenaris (Carles Bosch, 2009) —sobre la llamada Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia—, 15.03.09. La última ofensiva (José Luis Sanz y Juan Carrascal, 2009) —sobre la política en El Salvador desde los conflictos de los ochenta—, This Is Me (Los Derechos Humanos de los niños) (Miquel Forteza, Nacho Sepúlveda y Yalda Peñas, 2009) —historias de dos niños procedentes de África y Asia—, El problema: testimonio del pueblo saharaui (Jordi Ferrer y Pablo Vidal, 2010) —sobre el largo conflicto del Sahara Occidental—, Los ojos de la guerra (Roberto Lozano, 2011) —sobre los conflictos en Afganistán, República Democrática del Congo, Irak y Bosnia—, El otro lado del espejo en la guerra secreta de Nicaragua (Ángel Amigo, 2012) —los efectos de la crisis de la Unión Soviética en la guerra del país latinoamericano durante los ochenta—, Cubillo, historia de un crimen de Estado (Eduardo Cubillo, 2012) —la trama internacional (Alemania, Argelia y Estados Unidos) contra un líder nacionalista canario en los setenta—, Operación E (Miguel Curtois, 2012) —en torno al secuestro de Clara Rojas por las FARC en la Colombia de 2002—, Libertador (Alberto Arévalo, 2013) —sobre el líder venezolano Simón Bolívar—, Impensada, usurpada, recuperada (David Reznak, 2013) —la influencia de la política en el subdesarrollo de África—, o 2014. Nacido en Gaza (Hernán Zin, 2014) —sobre la última ofensiva israelí—.

Este interés creciente por la política exterior se ha incrementado casi exponencialmente en los últimos tres años, demostrando que, después de décadas de adormecimiento, el cine español cada vez muestra mayor capacidad de reacción ante los acontecimientos del presente, sin perder su capacidad historicista. Así se demuestra con la importante cantidad de largometrajes que tratan uno de los temas fundamentales de nuestro tiempo, el de la inmigración y los refugiados, como en L’altra frontera (André Cruz Shirawa, 2014), A escondidas (Mikel Rueda, 2014), Huidas (Mercedes Gaspar, 2014), Corredor de fons (Isabel Fernández, 2014), Las lágrimas de África (Amparo Climent, 2015) —sobre la valla de Melilla—, District Zero (Jorge Fernández Mayoral, Pablo Iraburu Allegue y Pablo Tosco, 2015), Caure del niu (Susana Barranco, 2015), No existimos (Ana Solano Ronda, 2015) —que incluye la perspectiva de género—, En tránsito (Oskar Tejedor, 2016) —también centrado en las mujeres, específicamente en las que viajan de Latinoamérica a Europa—, Los sueños de Idomeni (Amparo Climent, 2016) o Astral (David Cabrera, Jordi Call y Víctor Morilla, 2016), un caso singular en cuanto que se emitió primero en televisión (La Sexta) y después en cine a la vista de su éxito; interesante resulta también la aparición de dos películas que afrontan el tema desde el punto de vista de la adopción internacional, como La adopción (Daniela Fejerman, 2015) y Generación Mei Ming: Miradas desde la adolescencia (David Gómez Rollán, 2015); esta última aborda el asunto desde una perspectiva multicultural que también encontramos en La Habana y Barcelona. Esplendor y ruinas (Lluís Valentí, 2015), centrada en la interrelación entre las dos ciudades con la caída del Muro de Berlín como telón de fondo; de otros muros, de todos los que cierran el paso a los migrantes, trata precisamente el documental Muros (Migueltxo Molina y Pablo Iraburu Allegue, 2015). El tema del Sahara que, como hemos visto, ya había producido relatos durante los años anteriores, presenta un repunte desde 2014, demostrando un sugestivo incremento de la conciencia colectiva ante asuntos que deben concernir a la sociedad española, como vemos en Back to Sahara (Francisco Millán, 2014) —breve historia de la ex colonia española en África—, Gurba, la condena (Miguel Ángel Tobías, 2014) y África 815 (Pilar Monsell, 2015) —aquí solo como telón de fondo de una historia personal—. Pero el interés se amplía más allá de esta zona históricamente relacionada con el Estado español, hacia todo el continente africano, en películas tan diferentes como Caza al asesino (The Gunman; Pierre Morel, 2014) —thriller en coproducción con Reino Unido sobre los mercenarios en la región de El Congo—, El viaje de Caín (Miguel G. García-Revillo, 2015) —sobre el hambre en Tanzania—, El hombre que empezó a correr (Josep Serra Mateu, 2015) —sobre el voluntariado que ayuda para que haya agua potable en Etiopía—, Tchindas (Pablo García Pérez de Lara y Marc Serena, 2015) —sobre la dificultad de ser homosexual en Cabo Verde—, Projecte Rwanda (Esteve Rovira y Sergi Cervera, 2015) —en torno al genocidio de Ruanda—, y dos películas sobre la República Centroafricana: Los párpados cerrados de Centroáfrica (Alfredo Torrescalles, 2016), que hace un repaso de su sociedad a la luz de la política durante las últimas décadas, y El corazón de África (Javier Santamaría, Raúl Cruz y Elena Ajenjo, 2016), sobre la guerrilla ugandesa que actúa en las fronteras. El otro polo de gran preocupación para nuestra cinematografía, durante los últimos tres años, es Latinoamérica, mostrando interés sobre todo por Argentina, en Hacer patria (David Blaustein, 2014) —sobre judíos europeos emigrados allí—, La noche del mundo (Nacho Sacaluga y Fernando Ávila, 2016) —la reapertura de fosas comunes de la dictadura—, Eva no duerme (Pablo Agüero, 2016) —en torno a la figura de Eva Perón— y Capitán Kóblic (Sebastián Borensztein, 2016), también ambientada en los últimos años setenta de la dictadura; el conflicto terrorista colombiano también ha atraído nuestra atención en 7 leguas. Colombia (Pedro Pérez Rosado, 2014) y en Tiempo sin aire (Samuel Martín Mateos y Andrés Luque Pérez, 2014); otros países latinos a los que se ha acercado el cine español son Guatemala —Seré asesinado (Justin Webster, 2014), sobre un célebre abogado que previó su muerte ordenada por el presidente del país—, la zona del Amazonas —Amazonas. El camino de la cocaína (David Beriain, 2015), en torno a las rutas del narcotráfico—, Cuba —El rey de La Habana (Agustí Villaronga, 2015), sobre la sociedad de la isla durante los años noventa—, Uruguay —Migas de pan (Manane Rodríguez, 2016), sobre una presa política de la última dictadura del país— y Chile, con dos interesantes películas, El botón de nácar (Patricio Guzmán, 2015), sobre presos políticos de la zona de la Patagonia, y Neruda (Pablo Larraín, 2016), sobre el exilio del poeta, a raíz de su enfrentamiento con González Videla por su traición a los comunistas.

Un día perfecto (Fernando de León de Aranoa, 2015)

Una de las películas españolas más celebradas del periodo, y quizá una de las mejores, es Un día perfecto (Fernando León de Aranoa, 2015), que recoge en clave de comedia dramática las dificultades de ayudar en el contexto de un conflicto bélico ambientado en los Balcanes. Es un ejemplo del interés por las guerras pasadas y presentes. En Maresía (Eduardo Martinón Sánchez, 2014) aparece de forma colateral el conflicto en Afganistán, pero el mayor interés se sigue demostrando —en una tendencia que se repite en el ámbito del cine internacional, lo que resulta especialmente significativo— en el tratamiento de las guerras pasadas y sus consecuencias, y singularmente en todo lo relacionado con la II Guerra Mundial y el nazismo, como demuestran Más allá de la alambrada: la memoria del horror. Españoles en Mauthausen (1939-1945) (Pau Vergara, 2005), Ellos robaron la picha de Hitler (Pedro Temboury, 2008), Garbo, el hombre que salvó el mundo (Edmon Roch, 2009), Operación Comète/Mugaldekoak (Fernando Bernués y Mireia Gabilondo, 2011), Mussolini va a morir (Rafael Gordon, 2012), Una esvástica sobre el Bidasoa (Alfonso Andrés y Javier Barajas, 2013), Kaplan (Álvaro Brechner, 2014), La encrucijada de Ángel Sanz Briz (José Alejandro González Baztán, 2014), El viaje de Leslie (Marcos Nine, 2015), Lobos sucios (Simón Casal de Miguel, 2015) o Adolf Hitler, mi lucha (Francisco Herrera, 2016). El quinto jinete. Una visión de la I Guerra Mundial por Vicente Blasco Ibáñez (Enrique Viciano y Rosana Pastor, 2014) relaciona el primer conflicto mundial con la obra del escritor español.

Para finalizar el repaso al cine español preocupado por la política internacional, cabe citar algunos filmes especialmente interesantes, aunque en algunos casos sea solo por su singularidad: Schimbare (El cambio) (Álex Sampayo, 2014), sobre la actuación de mafias internacionales en Rumanía y Hungría; The Propaganda Game (Álvaro Longoria, 2015), documental sobre los métodos comunicativos de uno de los regímenes más tiránicos y opacos del mundo; Boxing for Freedom (Juan Antonio Moreno y Silvia Venegas, 2015), otro documental que en este caso trata sobre el empoderamiento de la mujer en una sociedad tan machista con la de Afganistán; Francisco, el padre Jorge (Beda Docampo Feijóo, 2015), la primera película sobre el Papa Francisco; y la sugerente El ejército perdido de la CIA (David Beriain y Fernando Ureña, 2016) un documental que, en relación con la caída del Muro de Berlín, cuestiona que la guerra de Vietnam haya terminado realmente.

4.5. Ecologismo

Los últimos tres años han impulsado también una temática, especialmente asociada al cine documental, que tiene trascendencia política en cuanto que el ecologismo es una tendencia ideológica al alza en todo el mundo, especialmente en Europa y también en España. Un filme de 2008, el documental ¿Quieres oír una utopía? (Álex Ruiz y Lucho Iglesias) ya colocaba al ecologismo en el centro del debate, con una mirada global en un triple sentido: la multiplicidad de invitados a la reflexión procedentes de campos muy diversos, la amplitud en el tratamiento del tema, yendo más allá de lo puramente ecológico y por su atención al ámbito internacional. Pero la película quizá más representativa del auge de este tipo de cine en los últimos años es El olivo (Icíar Bollaín, 2016), porque en ella el ecologismo como base se convierte en materia de reflexión para una cuestión de mayor amplitud: la desconexión del hombre respecto de la naturaleza como principio de muchos de los problemas sociales contemporáneos. En este ámbito nos encontramos con documentos sobre la riqueza de los recursos naturales o la necesidad de preservar las zonas rurales —El jamón, de la dehesa al plato (Julio Villanueva, 2014), Doñana, cuatro estaciones (Javier Molina Lamothe, 2014), Pastoral (Orlando Pedregosa, 2014), Wildmed, el último bosque mediterráneo (Arturo Menor Campillo, 2014), En todas as mans (Diana Toucedo, 2015) o Vida vaquera (Ramón Lluís Bande, 2016)—, sobre los océanos —Elcano. El barco blanco (Carmen Isasa, 2014), Arrecifes. Oasis de vida (José Manuel Herrero, Gaspar Sebastián y Hernandis Giner, 2015) o el filme de animación Deep (Julio Soto, 2016)—, sobre los atentados contra la naturaleza —Ecomunitat (Juan Francisco Oyonarte Palomar, 2015), sobre un vertedero al lado de un naranjal; La vida en llamas (Manuel H. Martín, 2015), en torno al tratamiento de los incendios; las animaciones Psiconautas (Alberto Vázquez Rico y Pedro Rivero Aurre, 2015), donde se habla de una catástrofe ecológica, y Atrapa la bandera (Enrique Gato, 2015), donde se contraponen ecologismo y capitalismo; y Mi valle (Lores Espinosa y Mario Santos Arias, 2016), sobre las pérdidas naturales en Riaño (León) tras la construcción del embalse—, y sobre las selvas y bosques —La selva inflada (Alejandro Naranjo, 2015), Jungle Planet (Juan Antonio Rodríguez Llano, 2015), Jungle Planet II (Juan Antonio Rodríguez Llano, 2016) y Jungle Planet III (Juan Antonio Rodríguez Llano, 2016)—. Dos películas concretan de forma muy simbólica el amplio debate social que se viene produciendo en España sobre la fiesta taurina, precisamente en este ciclo histórico al que nos referimos: Santa fiesta (Miguel Ángel Rolland, 2016), desde la perspectiva animalista, y En la piel del toro (Jesús Sánchez Romera, 2016), como una loa a todo lo que rodea al toro de lidia. Finalmente, es importante destacar el documental biográfico Las tres vidas de Pedro Berruezo (José López Pérez, 2014), en cuanto que el ecologismo ocupa un lugar relevante en su discurso.

 

Capítulos